T. J.
Gómez
Finalmente,
llegó a su fin. El tiempo del oscurantismo en la tierra del Guerrero terminó.
El reino de Nunca Jamás llegó a su fin. La era del “orden y paz” ha iniciado.
Un año de
gobierno dizque ciudadano concluyó formalmente la medianoche de ayer. Aunque en
términos reales todavía hay quienes dudan de la esencia misma del término:
¿hubo gobierno?
Los que
más están confundidos son los agoreros del desastre, los insurrectos y poseídos
del virus del caos. Esos que sobre todo durante el último año se dedicaron a
lucrar de la desgracia ajena, de la falta de autoridad, aprovechándose de que
el rey de Nunca Jamás era su cuate, de que el rey prefería las fiestas que la
toma de decisiones, de que era capaz de suprimir todas las leyes con tal de
defender a sus cuates.
Ahora, tal
y como estaba escrito, el Elegido es el nuevo rey. Ungido con la corona de la
democracia, desempeña el cargo rodeado de tirios y troyanos, todos de su
estirpe tricolor y uno que otro manchado.
Lo cierto
es que, a partir de las elucubraciones de brujos y chamanes, no estaría dejando
nada al azar ni a la casualidad, menos estaría dejando grietas para que se le
cuele el desorden.
Las
grandes dinastías tricolores tienen a sus representantes en el gabinetazo de El
Elegido. Pareciera que cada grupo escogió a sus mejores cuadros para que
empiecen a estructurarse las fuerzas del reino y con ello empezar a ponder
orden y, en un remoto caso, lograr la paz.
Florencio
Salazar Adame, ex funcionario de primer nivel federal, ex embajador, volvería a
ser secretario General de Gobierno, cargo que ocupó en la administración del
que fue el último gobernador priísta, René Juárez Cisneros. Ex panista,
ciudadano ahora, sería el responsable de la política interior.
Héctor
Apreza Patrón, uno de los hombres de mayor confianza del rey, será el encargado
de las arcas. Como secretario de Finanzas y Administración le tocará lo que se
antoja una de las aventuras más grandes que amenaza palmo a palmo con convertirse
en tragedia peor que griega: sacar de la bancarrota a la entidad.
Las deudas
y presuntos fraudes se cuentan por decenas de miles de millones de pesos. En un
estado donde todo hace falta, se antoja crítico que haya habido dinero para que
muchos ahora ex funcionarios se hicieran ricos y el estado no tenga ni para una
aspirina. Literalmente.
Un reino
se fundamenta en cuatro ejes: la gobernabilidad, la disponibilidad de recursos,
la seguridad y la imagen que los vasallos tengan de su rey.
Para la
seguridad no hay definido. Lo cierto es que urge poner a alguien en esa área
que por lo menos haga como que trabaja y no tenga a todos unidos en su contra.
En lo
relativo a la comunicación social se perfila quien ya asumió esa
responsabilidad. La acapulqueña Ericka Lührs quien goza de buena relación y es
operadora política.
Así
inicia el nuevo reinado. Ahora a esperar cómo le empiezan a brincar los
agoreros del desastre, insurrectos y hasta zombies, esos que se niegan a
aceptar que su periodo ya terminó.