T. J. Gómez
Ya lo
había anunciado en su comparecencia de diciembre de 2015. Y ya lo confirmó: se
aplicará un plan de austeridad que implica la revisión a la estructura orgánica
de las dependencias del gobierno estatal.
Héctor
Apreza, secretario de Finanzas estatal, confirmó que una de las estrategias
para ir revirtiendo la situación financiera crítica en que se recibió el
gobierno estatal por parte de la actual administración, será la de poner a
dieta la estructura burocrática.
Y eso
implicará por una revisión de cuantos cargos tiene cada una de las
dependencias, para después revisar qué tanto sirve tener tantos jefes. Además
de la revisión de cuántos “aviadores” se encuentran en las áreas
gubernamentales, también se revisará qué tanto sirve tener 20 personas cuando
el trabajo podría ser realizado con diez.
Si el
problema de la obesidad es uno de los principales del país, éste pasa de las
personas a las instituciones. Y para el caso de Guerrero, en medio de su pobreza,
tiene un gobierno obeso, que se acostumbró a moverse poco y mal, que por más
que quiere caminar no avanza, y eso le impide producir y, por supuesto,
competir.
Obviamente,
los primeros que empezarán a brincar y a protestar son aquellos que les gusta
vivir del presupuesto y no esforzarse; muchos que se han dedicado solo a
disfrutar del dinero que se les regala sin sudar ni siquiera una neurona.
Los que sí
trabajan no tendrán problema en su empleo. Pero los que llegaron porque eran
líderes de algún grupo político en la Universidad, porque eran cuñados, yernos,
primos, hermanos o comadres de la primera dama, etcétera, en el mejor de los
escenarios –el que quiere la ciudadanía—se les dará de baja de la nómina.
En el
momento en que se adelgace la estructura gubernamental irán bajando la gravedad
de los problemas financieros de la administración que encabeza El Elegido.
Obviamente,
como ya se ha planteado en este espacio, la dieta deberá ir acompañada de un
programa real y efectivo de apoyo para la creación de empresas, para los casos
de los ex empleados que no lucraron con las arcas públicas.
Es
necesario, urgente, que Guerrero, que Chilpancingo deje de ser una ciudad
burocrática y empiece a desarrollar una iniciativa privada que, de la mano con
la inversión gubernamental, pueda impulsar el desarrollo de la región y del
estado.
Se
tiene que invertir y trabajar en el fortalecimiento del mercado interno estatal
y dejar de mantener la economía fomentando la pasividad y el conformismo. Eso
ya le ha hecho mucho daño al estado.