T. J. Gómez
Cuando Los Chuchos confabularon para imponer a Agustín
Basave como presidente nacional del PRD, pensaban que lo iban a poder manipular
a gusto y que sería el títere ideal para seguir fingiendo en que hay democracia
interna, pero se mantiene la “dictadura perfecta” en color amarillo y negro.
¡Sopas! Después de dos semanas de andar mitoteando con el
tema de las alianzas con el PAN –algo así como querer mezclar agua y aceite—,
la noche de este lunes, Basave reventó, cumplió su amago y les puso en la mesa
su renuncia a los líderes de todas las corrientes.
Ahora sí a Jesús Ortega y Jesús Zambrano les salió el
chirrión por el palito: el presidente del sol azteca salió más pragmático que
ellos, y con tal de ganarle al PRI no le importaba aliarse con el PAN en varios
estados para tener posibilidades reales de ganar elecciones.
Pero eso de que alguien venda mejores chiles que Herdez no
le gustó a Los Chuchos. Y ahorita traen tremendo pleito en el que lo menos que
está pasando es que la ropa sucia se lave en casa.
La situación al interior de la dirigencia nacional real y de
facto del PRD se complica cada vez más conforme pasa el tiempo. De nada sirvió
la obra de teatro llamada democratización que se organizó en el último
trimestre del año pasado.
Pero lo más curioso es que la revolución democrática parece
estar más dormida que animal de zoológico, porque mientras están los pleitos de
si hay alianzas o no, las otrora fuerzas vivas de la izquierda están más
replegadas e institucionalizadas que sus vecinos de enfrente.
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