jueves, 14 de enero de 2016

LA HERENCIA MALDITA DE ROGELIO ORTEGA

T. J. Gómez

Acapulco fue el escenario para una nueva visita del presidente Enrique Peña Nieto.

El motivo: anunciar una reestructuración de la estrategia para revertir la tendencia de hundimiento del estado que dejó el anterior gobernador.

El escenario fue propicio no solo para que El Elegido le echara su porrita y le reconociera el apoyo incondicional que ha recibido desde antes de iniciar su administración y hasta la fecha.

Pero el discurso también le sirvió a El Elegido de catarsis, de desahogo y, por qué no decirlo, para ponerle los puntos a las íes. Vea usted:

“… Es histórico lo que vivió Guerrero en los últimos 15 meses: una circunstancia política, social y económica también sin precedentes. Un deterioro institucional que colocó a un gobierno casi inexistente ---leyó bien… un gobierno casi inexistente…--, y que a cualquier asunto, a veces sin ser problema, se convertía en conflicto”.

“Un quebranto en las finanzas públicas y la presencia de altos índices de violencia que nos ha colocado reiteradamente en notas nacionales. Ese, señor Presidente, es el Guerrero que hace 77 días recibí, pero también es el Guerrero que la gran mayoría de hombres y mujeres de esta tierra no queremos”.

Y para rematar: “En los primeros 77 días de mi gobierno, mi mayor interés ha sido popiciar que el gobierno exista y que el gobierno, entre sus tres poderes, se coordine”. El Elegido dix it.


Ante tales argumentos, no más comentarios. Se lo dejo a usted.

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