T. J. Gómez
“Porque no se formaron instituciones, no formaron nuevos
policías, no los capacitaron y no había controles de confianza, por lo que era
muy difícil tomar la acción que le correspondía al gobierno de Guerrero. Y se
lo dijimos al gobernador (Ángel) Aguirre y al gobernador interino”.
Estas son las palabras del mismísimo secretario de
Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien ha pasado noches de vela y
tremendos corajes –ahora lo confirma—porque quienes debieron tomar las
decisiones en su momento en la entidad, no lo hicieron.
“Se lo dijimos a sus secretarios de Seguridad que tenían que
formar sus propias instituciones, por lo que hoy son las consecuencias las que
se están sufriendo en Guerrero”, agregó el hombre fuerte de la política interna
del país.
Obviamente, durante el último año en Guerrero, durante el
oscurantismo que privó en el Reino de Nunca Jamás, los problemas se potencializaron
al grado de que eran los mismos policías preventivos estatales y hasta los paramédicos
y rescatistas de Protecci´ón Civil los que tomaban las calles para protestar
por las injusticias que enfrentaban. A ese nivel llegó el caos en materia de
seguridad.
Ahora, el secretario de Gobernación se refiere por primera
vez al rol que jugaron los responsables políticos de la entidad y públicamente
advierte: se los dijimos pero no hicieron caso. ¿Y nada más?
Todo quedará en un anécdota discursivo para la reflexión y
el horro, mientras que Acapulco sigue siendo la ciudad con mayor número de
homicidios del país, por encima de Tijuana.
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