T.J. Gómez
Y que los
perredistas en el Senado andan muy enojados porque Sofío Ramírez Hernández
renunció a su bancada y se fue con sus amiguitos de siempre, de toda la vida:
los del PRI.
¿Y de qué
se espantan? Si era una mutación más que anunciada. Una vez que su padrino
político está aparentemente de vacaciones de la escena política, y que es casi
casi un innombrable entre las huestes perredistas, pues obvio que Sofío no se
iba a quedar a que le vieran con cara de fuchi.
Y hasta
eso: algo tienen que reconocerle, es de los aguirristas que más sostuvo la
bandera del sol azteca entre sus manos, porque la mayoría se rajaron desde la
temporada de campaña a la gubernatura, ya que es preferible un mesesito de
críticas por la poca dignidad política que seis años fuera del presupuesto.
Lo cierto
es que Sofío aguantó, todavía apareció en un par de ocasiones públicamente con su
padrino político, y se va a donde sabe que aprecian su forma de operar.
Que como
lo vayan a tratar en Guerrero, pues es una de las cosas que menos le han de
importar. Al fin, es senador de la República, cobra muy bien, casi no trabaja y
pues sigue en la escena política.
Incongruente
sería, dice un amigo mío, pelearte con tu dinero.
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