T. J. Gómez
Este fin de semana
Chilpancingo se viste de fiesta. Da inicio formal la Feria de Navidad y Año
Nuevo, que tradicionalmente era un motivo de orgullo guerrerense, crisol de
tradiciones de todo el estado y punto obligado de estancia de las familias
capitalinas.
El Paseo del Pendón, con el
que se da anuncio al inicio de tan esperada festividad, era un ejemplo de una
muchedumbre pacífica, de algarabía y de fraternidad.
Ahora, con la apertura
indiscriminada de tiendas que expenden alcohol a diestra y siniestra, a grandes
y a chicos, el Paseo del Pendón se transforma en una especie de cantinota en la
que lo mismo adolescentes que mayores incurren en excesos etílicos ante la
mirada sorprendida y hasta complaciente de la gente.
Ahora, con la inseguridad el
tradicional palenque dejó de existir. Lo que era prácticamente uno de los
mayores escenarios del jet set capitalino, ya no es nada.
De los juegos de la feria
ubicados en esa polvosa zona llena de cables tendidos de manera irracional y
peligrosa, ni hablar. Chilpancingo cambia, pero los juegos siguen siendo los
mismos de siempre. Lo que sí se deja sentir diferente son los precios, ahí sí
están con estándares de modernidad capitalista.
Del espectáculo del Teatro
del Pueblo, ni que hablar. Se hace lo que se puede con lo que se tiene. Y
desafortunadamente, pues con la poca calidad y visión que ha caracterizado a
algunos patronatos, y la propia inseguridad, pues la cancha no da para mucho.
Y nada qué decir de lo
complicado que es transitar en la zona de la feria en esta temporada. O otros
problemas inherentes que se dan con la excesiva venta de bebidas alcohólicas en
sus intalaciones, de los insultantes abusos de quienes ofertan alimentos y la
ausencia de las autoridades para meter en cinta a quienes se quieren hacer
ricos con la vent de un pollo, unos tacos o u cabrito.
¿Y la población de
Chilpancingo? Estoica. En su nobleza, a pesar de todo lo que no es y debería
ser su feria, la vive, la disfruta.
Ya fue un año de muchos
bloqueos, marchas, vandalismo, impunidad, violencia, de aguantar hasta el
pasado 26 de octubre a un gobierno estatal inútil, solapador de grupos
radicales. Ya fue mucho. Es tiempo de olvidar y festejar.
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